
El de la Escuela Taurina de Utrera ha cortado la primera oreja del Ciclo de Promoción de Sevilla
Se fue Ignacio Sabater a la puerta de toriles a portagayola, pero la excesiva distancia difuminó el envite al no atender el novillo a su llamada; tuvo que ser ya en el tercio donde encandilara a los tendidos con vibrantes faroles de rodillas. El de Polo Sáiz fue un eral de nota: noble, pronto, con fijeza y que repetía con franca clase, un animal que terminó por acusar el lógico desgobierno de un novillero al que aún le falta el bagaje necesario para someter dicha calidad. No obstante, siempre estuvo pleno de voluntad y disposición durante todo el trasteo, Sabater logró templar su bisoñez en una estimable serie al natural, donde le llegó más al novillo y acertó en llevarlo encauzada en los vuelos, firmando los pasajes más reunidos de una labor siempre voluntariosa que culminó con una estocada contraria. Oreja tras aviso.


