
Hablamos con el novillero Luis Montero: Seriedad, fe y convicción en una nueva etapa en la Escuela Taurina de Triana
Luis Montero, novillero sin caballos cordobés, se encuentra en uno de esos puntos de inflexión que marcan de verdad una trayectoria. Joven, reflexivo y con las ideas claras, acaba de incorporarse a la Escuela Taurina de los Salesianos de Triana, bajo la dirección del maestro Tomás Campuzano, asumiendo con naturalidad un reto que exige personalidad, entrega y capacidad de sacrificio. No es un paso menor sino una decisión meditada, tomada desde la convicción y el respeto a la profesión.
Hay en su discurso una serenidad poco habitual, una manera de entender el toreo desde el clasicismo, la fe y la honradez personal. No habla desde la prisa ni desde la pose, sino desde una convicción íntima que atraviesa cada respuesta. Esta entrevista refleja a un joven torero consciente de las dificultades del camino, pero firmemente instalado en la certeza de que su vida solo cobra sentido delante del toro.
Acabas de incorporarte a la Escuela Taurina deTriana, dirigida por el maestro Tomás Campuzano, un cambio significativo en tu formación. ¿Cómo están siendo los primeros pasos y qué esperas aprender en esta nueva casa?
“Cuando sorprendí a mis padres con querer ser torero, llegamos al acuerdo de que para torear tenía que tener unos estudios. Gracias a Dios estoy en una etapa de mi vida en la que casi tengo acabada la carrera y puedo dedicarme al toreo. En esta nueva etapa ha llegado el maestro Tomás Campuzano. Siempre he sentido una gran admiración por la dinastía taurina de su familia y tenerlo ahora como maestro es un auténtico privilegio. Tengo una oportunidad muy grande por delante y es mi deber aprovecharla”.
Nuevos maestros, nuevos compañeros, nuevas miradas.¿Cómo estás viviendo la exigencia diaria y qué primer impacto técnico o emocional te ha provocado este entorno?
“Busco dar el máximo en todo lo que hago. Creo que es la única vía para ser mejor cada día. Los cambios son difíciles, pero en este caso ha sido todo lo contrario. Desde el primer día que llegué a la escuela me sentí acogido, me han hecho sentir como en casa. Estoy muy agradecido al maestro Campuzano y por supuesto a mis compañeros, estoy aprendiendo mucho de todos ellos”.

¿Qué balance haces del año que termina y qué aprendizajes se quedan grabados en tu trayectoria?
“Ha sido un año de muchos cambios y aprendizajes. Ha sido fundamental para crecer personalmente y como torero. He conocido a grandes personas que han hecho que amplíe mi visión de la tauromaquia. He llegado a la conclusión de que verdaderamente mi vida solo tiene sentido toreando”.
¿Qué rasgo de tu toreo consideras ya irrenunciable, aquello que debe reconocerse en ti pase lo que pase?
“Hubo una vez que un periodista describió mi toreo como clásico, sereno y sin artificios. Siempre busco apasionarme y sentir cada embestida para que todo lo que haga salga realmente del corazón. Con compromiso, honradez y lealtad hacia uno mismo”.
¿Qué papel juega la fe en tu manera de entender la profesión y afrontar cada paso en ella?
“La fe lo es todo. No se puede concebir el toreo sin fe, ya que el toreo en sí mismo, es un acto de fe. Cristo dio su vida por amor y el torero entrega cuerpo y alma por amor. Dios me ayuda a conectar y profundizar en mi relación con el toreo y la manera en que lo concibo. Cada entrenamiento, cada viaje, cada esfuerzo… se lo ofrezco todo a él. Él guía mi camino y manda en mi vida”.
¿En qué espejo te miras? ¿Qué torero, actual o pasado, es tu inspiración?
”Admiro a todos los toreros, creo que cada torero tiene algo de lo que beber, aunque siempre busco ser yo mismo. Creo que es fundamental. En el ámbito personal admiro a toreros como Juan Ortega, con el cuál he tenido la suerte de coincidir en varias ocasiones y su sencillez y humildad con los que empezamos me impactó. Otro torero al que admiro es Pablo Aguado, que terminó sus estudios y tomó la alternativa con 28 años, saliéndose de todos los estereotipos que hay en la profesión. También, tengo la suerte de conocer personalmente a José Ruiz Muñoz, al que admiro profundamente por su compromiso constante con el toreo y con su vida personal”.
Cuando te proyectas unos años adelante, ¿qué escenario es el que te mueve: un triunfo, una plaza, o simplemente llegar a ser el torero que sientes dentro?
“Sueño todos los días con poder llegar a torear como verdaderamente siento. Ese un camino muy largo y difícil, pero es lo que me ilusiona y me lleva a intentar superarme día tras día. Si bien, una de mis mayores satisfacciones sería poder devolver de alguna forma a mis padres todo lo que hacen por mí y hacerlos sentir orgullosos como torero y como persona”.
¿Pesan los inicios como novillero?
“Es muy duro, pero creo que es necesario que sea así. Todo lo que te encuentras en el camino te hace desarrollar tu personalidad como torero y como persona. Hasta ahora he vivido momentos de gran alegría y de gran tristeza. Sin embargo, las dificultades me hacen querer comprometerme más con el toreo. La vocación más difícil y más bonita del mundo”.

Toda carrera guarda una plaza del deseo. ¿Cuál es la tuya y por qué?
“Hay muchas plazas en las que uno desea triunfar, pero me siento un privilegiado de tener mis raíces en la ciudad de Los Califas y de estar ahora relacionado con Sevilla. Ambas plazas me quitan el sueño por el significado personal que tienen para mí y por su valor a lo largo de la Historia del toreo. También, ya puestos a soñar, torear algún día en la Monumental de Barcelona sería especial. La Historia taurina en Cataluña es algo imborrable. El toreo es arte y por tanto implica libertad. Como tal, debería de haber libertad para tener toros en Cataluña”.
El aficionado joven es el que sostendrá la Fiesta mañana, ¿qué les dirías hoy a esos chavales que empiezan a mirar la tauromaquia con ilusión y curiosidad?
”Les diría que son unos privilegiados solo por el hecho de sentir interés por ella. Se están abriendo a un mundo único. El paseíllo, la música, los colores, los olores, los sonidos… La tauromaquia es tan rica que es lo que la hace tan singular. Admiro a los empresarios que apuestan por involucrar a la gente joven y a la sociedad en general en los toros. El toreo es distinto a todo, nunca deja indiferente a nadie. No se parece a nada de lo que hay hoy en día y promoverlo es una labor importantísima”.
Luis Montero transmite algo cada vez menos frecuente: credibilidad. No hay en sus palabras promesas vacías ni discursos prefabricados, sino una convicción serena de quien sabe que el toreo es una vocación total, exigente y, a veces, cruel. Habla desde la fe, desde el compromiso diario y desde una idea muy clara de lo que quiere ser, sin perder nunca el respeto a quienes le precedieron ni a quienes hoy comparten camino con él. El tiempo dirá hasta dónde llega su nombre, pero hoy Luis Montero ya demuestra algo fundamental: tiene cabeza, tiene corazón y tiene una manera honesta de situarse ante el toreo.