Miguel Ángel Cofrades Torres: “Eres el guardián del toro las 24 horas del día”

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El mayoral de Apolinar Soriano habla con Novillero Andalucía sobre una vida entregada al toro y más de tres décadas al frente del campo bravo.

Ligado al campo bravo desde la cuna, Miguel Ángel Cofrades Torres encarna la figura del mayoral en su sentido más pleno: vocación, sacrificio y una vida entera al servicio del toro. Su historia está entrelazada con la de la casa de Apolinar Soriano, donde suma ya más de tres décadas de oficio silencioso, de esos que no se anuncian, pero sostienen la verdad de la Fiesta desde abajo, desde la raíz.

¿Qué trayectoria ha seguido hasta llegar a la ganadería de Apolinar Soriano?

Mi trayectoria siempre ha estado ligada al toro. Mi padre fue mayoral durante 40 años con un hermano del abuelo de Apolinar. Cuando se jubiló, yo, con 15 años, me fui a trabajar con los Bayones, en Salamanca, que por entonces tenían parte de la ganadería en tierras jiennenses. Allí estuve hasta que me fui al servicio militar y, al volver, entré con Apolinar. Y aquí sigo, 35 años después.

¿Cuándo sintió que su lugar estaba en el mundo del toro?

Mi lugar en el mundo del toro ha sido siempre. Es mi vida desde que nací, desde que empecé a tener conciencia de lo que era el toro.

¿Cuál es la labor de un mayoral?

La labor de un mayoral es, junto al ganadero, hacer que la ganadería funcione. Es acompañar al toro desde que está en la barriga de la madre hasta que se lidia. Eres su guardián las 24 horas del día: el cuidado diario, los inviernos duros, los veranos calurosos… aquí no hay días de fiesta. Son muchas horas, y esto hay que llevarlo en la sangre; si no, no funciona.

¿Qué significa Apolinar Soriano para usted?

Apolinar es mi vida, mi familia. Son muchos años juntos. Tanto el abuelo como su padre, y ahora los hijos, son extraordinarios. No hay palabras para describirlo.

¿Qué es lo más importante que debe tener un toro desde la perspectiva del mayoral?

Lo más importante es que dé el máximo en la plaza en los tres tercios. Pero, sobre todo, en la muleta: que sea bravo, que tenga entrega y ritmo en la embestida, que humille, que vaya hasta el final… y, por supuesto, que dure, que es lo más difícil.

¿Con qué volumen de camada trabajáis actualmente?

Nos movemos con camadas cortas: en torno a una o dos corridas de toros, una novillada picada y tres o cuatro sin picadores. Estamos a gusto así, es nuestro mercado, y de momento no pensamos crecer más.

¿En qué tercio buscáis que destaque el toro de Apolinar Soriano?

Fundamentalmente en el último tercio. Creo que es donde se define el toreo hoy en día.

¿Cuáles son las principales cualidades del encaste que manejáis?

El toro de Núñez tiene unas cualidades muy definidas: suele ser frío de salida y va a más en el castigo. Luego, en la muleta, tiene ese punto de querer ir un poco más que otros. También tiene sus dificultades: el que no quiere embestir se pone más complicado, más “cabreado”, que otros tipos de toro.

¿En qué se basa a la hora de seleccionar los cruces entre vacas y sementales?

En la vaca buscamos, lo primero, la bravura. Y dentro de eso, nobleza, recorrido, humillación y duración. A partir de ahí, con la base de vacas hecha, eliges el semental en función del momento de la ganadería: si necesitas más movilidad o, al contrario, más nobleza.

¿Qué objetivos se marca la ganadería para esta temporada?

Seguir en la línea de las últimas tres o cuatro temporadas, que han sido muy satisfactorias. Han embestido tanto toros como novillos, y eso te da tranquilidad de cara al futuro. Siempre buscando lo que he comentado: bravura, entrega y duración.

Habla Miguel Ángel Cofrades desde la naturalidad de quien no ha conocido otra vida que la del toro. Sin épica impostada, pero con la profundidad de los que llevan el oficio en la sangre, su testimonio revela la dimensión real del campo bravo: sacrificio, constancia y una fidelidad sin fisuras. Porque antes de que el toro pise la plaza, hay toda una vida detrás que lo ha hecho posible. Y en esa vida, callada pero esencial, late el verdadero pulso de la ganadería.

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