
El novillero cordobés debutó con picadores en el coso de los Donceles cortando tres orejas y dejando una sólida impresión de torero clásico
La primera clasificatoria del Circuito de Novilladas de Andalucía dejó en el coso de los Donceles de Lucena la confirmación de algo que muchos aficionados ya intuían desde hace tiempo: el novillero cordobés Manuel Quintana posee mimbres serios para hacerse un nombre en el escalafón. En su debut con picadores firmó una actuación de peso, coronada con tres orejas y una salida a hombros que vino a refrendar la sólida impresión dejada en el ruedo.
No fue, en realidad, una revelación inesperada, sino la ratificación de un concepto que ya se adivinaba en sus pasos anteriores. Quintana apunta maneras de torero clásico, de esos que buscan la pureza del trazo y la quietud como argumento principal. Vertical, templado y con buen sentido de la colocación, su tauromaquia nace de un deseo evidente de hacer las cosas con verdad.
El recibo al primero de la tarde marcó desde muy pronto el tono de su actuación. Lo saludó con el capote en una serie de verónicas de excelso vuelo y temple, dichas con cadencia y buen gusto, llevando cosido al novillo al percal. El remate, una media de trazo sublime y exquisito, dejó ese regusto de toreo bien dicho que siempre enciende los tendidos.

Con la muleta volvió a evidenciar uno de los rasgos más prometedores de su concepto: una mano izquierda de notable naturalidad y profundidad. Al natural llegaron los pasajes de mayor hondura de la faena, muletazos largos, ligados y templados, siempre desde esa verticalidad majestuosa que tanto ennoblece la figura del torero.
Hubo además disposición, firmeza y claridad de ideas para sostener la responsabilidad de un debut con picadores dentro de un certamen exigente. Los tres trofeos certificaron el triunfo, aunque más allá del balance numérico quedó una impresión aún más valiosa: la de un novillero que torea con intención y personalidad.
Queda, como es lógico en quien empieza a caminar en esta nueva etapa, margen de mejora en el manejo de la espada. La tizona todavía debe afinarse para que el conjunto alcance la rotundidad que su concepto promete.
Con todo, la tarde de Lucena volvió a dejar claro que Manuel Quintana pertenece a esa nómina de jóvenes toreros llamados a ser importantes. Si mantiene la fidelidad a ese toreo de raíz clásica que ya apunta y pule los aspectos aún por madurar, el novillero cordobés tiene argumentos de sobra para recorrer un camino de relevancia en el futuro inmediato.
