
La localidad cigarrera presenta unos carteles de máxima categoría donde la ambición de los nombres andaluces marca el ritmo del primer puerto de montaña del año
La temporada taurina 2026 está próxima a romper su silencio en el privilegiado escenario de La Puebla del Río. Bajo el amparo de las tradicionales fiestas en honor a San Sebastián, la localidad sevillana se convierte, una vez más, en el epicentro de la esperanza para el escalafón menor. El maestro Morante de la Puebla asume nuevamente las riendas de la organización, un gesto que trasciende lo administrativo para convertirse en un acto de fe por el futuro de la fiesta. La reciente presentación de los carteles —con el genio cigarrero vestido de corto en la intimidad de un tentadero— no solo ha despejado incógnitas sobre su propio estado, sino que ha proyectado una imagen de serenidad y compromiso que ya ilusiona a la afición. El serial, que se desarrollará entre el 23 y el 25 de enero, se compone de una exhibición de recortadores y dos novilladas sin picadores de máxima expectación.
El elenco de actuantes es una declaración de intenciones: un despliegue de ocho promesas andaluzas que representan la salud de nuestra cantera. El acento sevillano marcará el paso con nombres propios como Armando Rojo y Manuel Luque “El Exquisito”; ambos, profetas en su tierra, defenderán ese concepto clásico y puro que los situó como las grandes revelaciones del pasado curso. Junto a ellos, la ambición de Manuel Real “Realito”, el camero que posee ese don innato para conectar con la fibra del tendido, y el regreso del mairenero Manuel Domínguez, quien vuelve al escenario de su éxito tras proclamarse triunfador de la pasada edición con una actuación que aún se paladea en las orillas del Guadalquivir. Completan este ramillete el almeriense Blas Márquez, el granadino Jaime de Pedro, el rondeño Héctor Nieto y la solera jerezana de Jaime Padilla, configurando un ciclo donde el nivel artístico es la nota predominante.
La Puebla del Río consigue, año tras año, que la liturgia del encierro y la posterior lidia en la plaza se conviertan en un rito de iniciación para el aficionado. En estos días de enero, el frío sevillano se combate con el calor de una afición que sabe que en este albero se están forjando las figuras del mañana. La apuesta de Morante por el futuro es clara: dar sitio a quienes poseen el valor y la estética necesarios para renovar el escalafón, garantizando que el relevo generacional no sea una quimera, sino una realidad palpable.
Andalucía se reafirma, como pionera en la reserva espiritual y técnica del toreo, presentando una hornada de novilleros que trasciende la simple promesa para convertirse en una realidad arrolladora. La variedad de sus registros compone un mosaico de valores donde la entrega y la personalidad son la norma.